¿Qué es la agilidad emocional?

Estamos cada vez más estresados y por supuesto más cansados. Ese desgaste progresivo se empapa en casi cualquier circunstancia. Nos cuesta tomar decisiones, el trabajo se nos hace una montaña y a menudo también nuestras relaciones personales se acaban resintiendo por ese agotamiento psicológico.

Las raíces de ese malestar residen en nuestras emociones. En ese estrés que se impregna en la mente y el cuerpo. En las tristezas acumuladas, los enfados silenciados, las decepciones que llegan y se quedan, las angustias vitales que oxidan el ánimo. Al final, como dicen los niños, “todo se nos hace bola» y cuesta hasta respirar, hasta dormir del tirón por las noches.

La correcta gestión de las emociones es nuestra eterna cuenta pendiente. Así, en una sociedad que cada vez lee más libros de autoayuda, parece que seguimos sin sacarnos un curso básico de supervivencia en esto del correcto manejo de lo que nos pasa, de lo que nos duele y angustia.

La agilidad emocional puede dar respuesta a ese estancamiento emocional para permitirnos florecer en el bienestar mental.

Cuatro claves para entender la agilidad emocional

Susan David introdujo este término con una idea muy clara. El propósito de la agilidad emocional no es lograr que seamos felices, lo que busca es permitir que alcancemos el bienestar. Busca facilitar ese florecimiento interno con el que estar en sintonía con nosotros mismos y mejorar así nuestras relaciones y desempeño profesional.

Un ejemplo, la Universidad de Jain realizó un estudio en el que medir esta dimensión en distintas empresas de la India. Para ello se administró un test a personas de entre 20 y 56 años. Algo que pudieron apreciar los investigadores es que es muy necesario que toda persona, todo trabajador, desarrolle la agilidad emocional para manejar un poco mejor las dificultades con las que pueda encontrarse, tanto en su empleo como con la vida.

Así, las dimensiones que definen a la agilidad emocional son las siguientes:

  • Minimizar o ignorar los pensamientos y emociones de valencia negativa no sirve de nada. La agilidad emocional nos enseña a aceptar cada emoción, cada sensación e idea que pasa por nuestra mente para transformarlas y sustituirlas por razonamientos más valiosos y saludables.
  • Ser ágil emocionalmente permite sentirse psicológicamente más seguro. Seguro de uno mismo porque se actúa siendo un aliado, con compasión, bondad y respeto. Solo entonces se deja de ser enemigo. Seguro porque se confía en el propio potencial, en esa sabiduría que se alberga, pero que no siempre se atreve a aplicar. Asimismo, esa autoseguridad revierte en las relaciones, en el trabajo…
  • Otro aspecto que se consigue es dejar de estar atascado. Los nudos emocionales y las preocupaciones dejan de cronificarse.
  • Por último, es importante tener en cuenta que agilidad emocional es sinónimo de adaptabilidad. Adaptación para saber reaccionar ante cualquier circunstancia, persona o situación y fluir ante cada evento de la vida.

Publicado en LA MENTE ES MARAVILLOSA

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