Valores y emociones: las fuerzas que nos guían en la vida

Valores y emociones son los pilares fundamentales en nuestro comportamiento cotidiano. Clarificarlos, entenderlos y guiarnos dejarnos guiar por ellos con inteligencia, e incluso con valentía, orquestará nuestro bienestar e incluso nuestra felicidad. Es más, no nos equivocamos si señalamos que nos encontramos en un momento en el que es más importante que nunca cuidar de estos pilares básicos.

Hablar de salud psicológica pasa también por atender este conjunto de constructos que son únicos en cada persona y que guían su comportamiento. Así, enfoques tan interesantes como la terapia de aceptación y compromiso nos recuerdan que es esencial tener presente nuestros valores en el horizonte porque nos dan significado, coherencia y un camino para guiar nuestras decisiones.

Pensemos en ello un momento. ¿Cuántas veces nos hemos alejado por completo de nuestros valores para acabar haciendo cosas que no sintonizaban con nosotros? Esto es algo que aparece a menudo en las relaciones de pareja infelices y también en muchos de nuestros trabajos. No estar en armonía con nuestras auténticas esencias trae sufrimiento y más de un trastorno psicológico. Profundizamos en ello.

Valores y emociones: dos dimensiones clave para el bienestar y el desarrollo personal

No falta quien señala que nos encontramos en una sociedad que sufre una auténtica crisis de valores. Dimensiones como la verdad, la bondad y la justicia, por ejemplo, parece que han dejado de estar (según algunas voces) en la cúspide de nuestra escala. De algún modo, es como si a día de hoy primen más los valores económicos, consumistas y utilitarios.

Tal vez sea así; no queda del todo claro. Sin embargo, desde un punto de vista psicológico, sí hay algo que apreciamos con frecuencia. Cuando uno no tiene claras esas creencias abstractas y esas actitudes vitales que son los valores, su realidad pierde significado y hasta el rumbo. Es más, en ocasiones, aún teniendo unas firmes convicciones, las descuidamos y es entonces cuando surgen los problemas.

Asimismo, se da otro hecho destacable. Hay hombres y mujeres que defienden unos valores como quien enarbola una pancarta (solidaridad, lealtad, bondad, respeto, honestidad), pero ni los practica ni los aplica. El auténtico bienestar y la verdadera coherencia reside en quien hace de su valor su virtud, como ser amable en cualquier circunstancia, ser buen amigo en cada momento y situación.

Valores y emociones van de la mano porque nos orientan en cada cosa que hacemos. Cuando están en sintonía nos sentimos bien. Cuando no los atendemos surge el sufrimiento. Por ello, algo que debemos tener claro lo antes posible es que aclarar cuáles son nuestros valores nos puede ayudar a priorizar qué es importante para nosotros y poder así evitar las decepciones y la infelicidad.

Vivir en sintonía con lo que nos es valioso

Trabajos de investigación como los realizados en la Universidad de Ulm (Alemania) ponen en el énfasis en la importancia de estas dos dimensiones. Valores y emociones actúan como metas motivacionales al dar sentido no solo a nuestro día a día, también a cada decisión tomada y relación que establecemos.

De este modo, en el presente estudio destacan la teoría de Shalom H, Schwartz sobre los valores humanos. Este autor profundizó de manera científica en estas dimensiones para definirlos como creencias –cogniciones– ligadas a nuestros afectos y emociones.

Es decir, cuando por ejemplo, adoptamos como valor la amistad, la lealtad o la integridad intentamos que nuestra existencia esté acorde a estos principios. De este modo, si por ejemplo vemos prácticas poco leales en el trabajo e incluso se nos insta a tener que aplicarlas nosotros también, tenemos dos opciones. Asumirlas y sufrir o revelarnos para estar siempre en sintonía con los propios valores.

¿Qué pasa cuando perdemos de vista nuestros valores?

Milton Rokeach fue un psicólogo social polaco-estadounidense que dedicó buena parte de su vida al estudio de los valores y emociones. Algo que explicaba en sus trabajos es que es muy común interiorizar los valores heredados de nuestra familia. Lo hacemos durante un tiempo, integrándolos en nuestra educación y en esos hilos relacionales que nuestros progenitores tejen a nuestro alrededor.

Valores y emociones, las raíces de nuestras virtudes

Decía Sócrates que las virtudes no se pueden enseñar, que no se transmiten por conocimientos, sino que son realidades que uno mismo debe descubrir e integrar en el propio ser. Con los valores sucede lo mismo. Es obligación nuestra diseñar una vida que esté lo mejor alineada con nuestro verdadero yo, con nuestras esencias, identidades, pasiones y necesidades.

Publicado en LA MENTE ES MARAVILLOSA

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