¿Por qué a veces no soportamos la soledad?

Cómo nos relacionamos con la soledad dice mucho de nosotros. Tomar conciencia de nuestros estados de ánimo, pensamientos, deseos o necesidades -y pararnos a reflexionar sobre ellos- nos permite encontrar estabilidad psicológica incluso en momentos de conflicto. Dicha introspección se nutrirá del tiempo que nos otorguemos para estar en soledad.

La capacidad de disfrutar la soledad elegida es un signo de madurez emocional e independencia que permite potenciar el autoconocimiento.

¿Es posible que nos resultemos tan insoportables a nosotros mismos que necesitemos de otros para percibirnos más aceptables? La dependencia en las relaciones y los conflictos sentimentales nos llevan a un vacío emocional y a no tolerar la soledad. Caemos en relaciones codependientes, simbiosis y confusiones vinculares basadas en una sociabilidad que no es genuina.

Sentir bienestar estando en soledad es una experiencia muy personal. Cada momento que pasamos a solas es único, nacerán en nosotros sensaciones diversas en función del momento vital en el que estemos y de cómo nos encontremos psicológicamente.

No todas las mentes logran contener e integrar el dolor que causan ciertos conflictos y circunstancias vitales. A veces nos causa vértigo escuchar el eco propio y, por ello, nos rodeamos del ruido exterior. Evitar elegirse a uno mismo como compañía es tratar de huir por un camino sin salida, el vacío acaba notándose tarde o temprano.

Si no soportamos la soledad saldrán a escena nuestras máscaras, la autenticidad queda a un lado y jugamos en el plano de la evitación. Haremos todo lo posible por no estar solos y disfrazaremos dicho temor con justificaciones falsas. Saltaremos de relación en relación sin saber ni siquiera qué estamos buscando. Volcaremos nuestra angustia en amigos y familiares para que soporten parte de la carga y nos alivien momentáneamente. Intentaremos encontrar la anestesia a la ansiedad a golpe de pastilla. Cualquier opción será válida con tal de no afrontar la soledad y el mensaje que resuena en ella.

En el caso de que la soledad nos genere desazón, incomodidad, aburrimiento, angustia o ansiedades conveniente pararnos a pensar: ¿estoy a gusto conmigo mismo? ¿Hay algo que me preocupa o inquieta? ¿Sabría poner nombre a las emociones que estoy sintiendo? ¿Puedo explicar en palabras aquello que me atraviesa la mente y el corazón?

Cuando la soledad resulta incómoda o desagradable, hay un mensaje que busca ser escuchado. Algo no funciona bien si ocupamos constantemente todo nuestro tiempo con otras personas. Evitar la soledad a toda costa y a cualquier precio refleja un conflicto intrapersonal. Si evitamos hacernos responsables, acabaremos buscando cualquier forma de calmar ese malestar, sin llegar a comprender ni afrontar qué es lo nos está ocurriendo realmente.

Publicado en La Mente es Maravillosa

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