De cómo perdí amigos durante la pandemia

Salimos con ganas después de meses de confinamiento pero también salimos cansados, enfadados, tristes y en mi caso, con menos amigos. Sí, así es. Esta cuarentena ha hecho que mi número de amigos disminuya. Igual tenía muchos. Igual me he vuelto insoportable. Igual sobraban en mi vida. Igual… No lo sé. Según a quien le preguntes te dará su versión. Pero ahora mismo es mi realidad.

Todo esto empezó ya desde el principio del confinamiento. En medio de la fiebre de las videollamadas con amigos, quedadas para la copa del viernes y aperitivos el domingo, yo me sentía la rara del grupo. No tenía las ganas que se suponía que tenía que tener de ver (virtualmente) a mis amigos, ni me apetecía estar demasiado conectada con ellos. De hecho, con algunos de mis mejores amigos (que por suerte lo siguen siendo a día de hoy) es con quien menos videollamadas he hecho.

Convendría aclarar en este punto que soy de esas personas que no suele cortar amistades, más bien va acumulando, aunque obviamente la vida te vaya juntando a unas personas más que a otras, no acabo de finalizar e intento mantenerlas aunque yo misma sepa que eso ya no va ningún lado. Me cuesta ser contundente en general, con las amistades también. Hasta ahora.

WESTEND61PUBLICIDAD – SIGUE LEYENDO DEBAJOhttps://4109dbcb189a20412821c312e2db75e3.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

También convendría aclarar, para que todo se entienda un poco mejor, que soy una persona exigente, conmigo misma, en el trabajo y con las amistades. Creo que doy mucho y exijo mucho, algo que algunas veces lleva a decepciones.

Ahora tras meses encerrada en casa, sí que empiezo a notar que he cambiado en algunas cosas. Igual he tenido más tiempo para pensar o he estado menos distraída, no lo sé, el caso es que esta semana me salí por primera vez de un grupo de amigos de Whatsapp, a lo loco, sin un ‘ya hablaremos’ o un ‘adiós’. Así soy, o estoy en 15 grupos diferentes o de repente me salgo sin avisar.

Sé que seguramente no esté bien hecho pero contra todo pronóstico no me he sentido mal, era algo que llevaba tiempo queriendo hacer y nunca me había atrevido. ¿Por qué ahora si? No lo sé. El caso es que no tengo problema con ninguno de ellos, simplemente era gente a la que ya nunca veía y tampoco sabían ya nada de mi vida ni yo de la de ellos. Chao.

Otro de los (muchos) defectos que tengo es que siempre quiero ser correcta, quedar bien, incluso cuando no tendría por qué. A lo de exigente que contaba antes se une que me gusta agradar. Una combinación explosiva. Hasta ahora. Poco a poco, a mis cuarenta y algo, empieza a dejar de importarme tanto lo que opinen de mí e intento mirar más por mí, intentando por supuesto no hacer daño a nadie.

Así que supongo que los miembros de ese grupo se han caído de la lista de «amigos». Otra amiga me ha dejado de hablar seguramente por decir lo que pienso y no callarme, como suelo hacer y estoy demasiado cansada como para intentar averiguar por qué está así. Lo sé, algo impensable en mí hace cuatro meses.

Además desde que se abrieron las terrazas, he rechazado hasta en cinco ocasiones quedar con otras amigas del colegio que han insistido en quedar, cuando antes habría hecho el esfuerzo de quedar aunque no me apeteciera. Y con mis amigos más cercanos, estamos bien, pero tampoco diría que estamos en nuestro mejor momento. Excepto por un cumpleaños, nadie ha dicho una palabra de quedar.PUBLICIDAD – SIGUE LEYENDO DEBAJO

Con todo esto, no sé si estoy ante mi selección natural de amistades y es mejor eso de pocas y buenas, o acabaré más sola que la una y sin salir de casa. A veces me entristece y me siento un poco mal, supongo que serán resquicios de mi ‘antiguo yo’.

amigas hablando

He aprovechado que iba a realizar este artículo para preguntarle a un especialista, el psicólogo Rafael San Román, de la app ifeel si era habitual este tipo de comportamientos en una situación tan extrema como puede ser una pandemia. Y confirma: «Por supuesto. Las relaciones nacen, se desarrollan y mueren tanto con pandemia como sin ella. (…) Los excesos en esas circunstancias siempre ponen a prueba la solidez de los vínculos en los que se asienta una relación, la solidez de su compromiso (es decir, del mutuo deseo de proyectar hacia el futuro su proyecto común, eso que comparten)”.

Como desarrolla San Román, «seguramente el confinamiento habrá hecho que muchas relaciones que eran incipientes o que quizá eran más superficiales, o renqueantes, se hayan consolidado. También habrá hecho que otras se hayan deteriorado hasta el punto de tener que interrumpirse (ya sea por la distancia excesiva o por un exceso de convivencia). La emergencia sanitaria que hemos vivido ha sido algo raro, estresante, inesperado y tiene que influirnos a la fuerza, también en nuestras relaciones (de pareja, familiares, de amigos, con la gente del trabajo, etc.).«

Sobre la pregunta de si es buen momento o no para tomar decisiones personales «radicales», explica: «La sabiduría popular nos recuerda que “en tiempo de tribulación, no hacer mudanza”. Es decir, cuando estamos en un momento de zozobra o grave crisis personal, con nuestras emociones alteradas e intensificadas, nuestra mente “revolucionada”, etc. la recomendación es posponer aquellos cambios o decisiones radicales que no sean estrictamente urgentes.»

«En definitiva, si las decisiones personales radicales no son imprescindibles y podemos esperar unos días, semanas o meses para ver cómo evolucionan las cosas y, sobre todo, cómo evolucionamos nosotros, conviene entonces esperar, no ser impulsivos y ver qué ocurre.»

Intentaré hacer caso al psicólogo y no salirme de más grupos a lo loco (de momento, no prometo nada en el futuro) e intentar aflojar, respirar, relajarme y no tomarme demasiado a pecho algunas actitudes ni algunas amistades.NO TE PIERDAS…

Fuente: Elle.es

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: